Como en todo, lo fácil es no hacerlo. Lo fácil es vivir como lo hace la mayoría, dentro de su zona de confort en la que nada puede torcerse y en la que el riesgo es mínimo. Como en todo, lo fácil es no practicar coaching.

¿Nunca te has preguntado si tu vida va en sintonía con lo que pensabas de pequeño? Puede que nunca te lo hayas preguntado y lo estés haciendo ahora por primera vez. Es raro, ¿verdad? 

Cuando eres un niño, lo único que ves es un mundo en el que puedes ser lo que quieras, tienes infinitas posibilidades y las ganas de quien no ha experimentado ninguna decepción. Ser niño es bonito, precioso diría yo, pero, debemos darnos cuenta que hace ya tiempo que dejamos de serlo. Por eso, enfoquémonos en nuestro yo del presente.

Todos en la vida tratamos de ser mejores, de acercarnos a nuestro mejor yo. Algunos tendrán la suerte de acercarse a la idea que tuvieron de pequeños. Otros, como yo, hemos ido moldeando esa idea hasta transformarla en algo bien diferente. Aún así, seguimos dando pasos hacia un futuro que nadie sabe lo que le deparará.

¿Qué nos frena a hacer algo? Imaginemos que siempre hemos querido escalar, sin embargo, nunca lo hemos hecho. ¿Por qué? Algo nos frena, sinceramente, no sé bien qué es. A algunos será el miedo, a otros las opiniones de los demás, a otros el fracaso; cada persona es un mundo. 

Está claro qué es lo fácil, lo fácil es quedarse en el pie de la montaña. Lo fácil es no escalar, lo fácil es no hacerlo y supongo que esto vale con todo. Llevándolo a nuestro terreno, ¿qué nos frena a practicar el coaching? Lo mismo que a escalar, a ir al gimnasio, a dejar de fumar…

Las excusas son infinitas y quién quiera escudarse en ellas, tendrá dos penitencias básicas. La insatisfacción de quien no consigue lo que quiere y la puerta del coaching cerrada.

El coaching da más de lo que pide pero lo que pide, lo exige. Exige ganas de aprender, de mejorar, de crecer y siempre predisposición a hacer todo eso. Luego, a cada uno le dará una cosa distinta, que cada uno ha de averiguar.

Lo fácil es no hacerlo, es quedarte donde estás cómodo aunque no te sientas del todo vivo. Como decía La Fuga “no solo respirar es vivir”, así que ahora a cada uno de vosotros os toca elegir si queréis respirar o vivir.

Escrito por: Jorge González Bustillo

Estudiante de Periodismo de la Universidad Europea del Atlántico

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